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LA DISCIPLINA NO SE JUBILA: ANA PAULA Y LA VIDA TRAS EL FÚTBOL PROFESIONAL

  • emilianorb
  • 18 jun 2025
  • 4 Min. de lectura

Por: Luisa Fernández



El sonido metálico de las mancuernas chocando se escuchaba de fondo cuando Ana Paula Gutiérrez salió del gimnasio. Con la piel aún brillante por el sudor del esfuerzo, y una energía tranquila pero firme, respondió con naturalidad cada una de las preguntas que retrataban un recorrido de vida poco común.


A sus 25 años, ya no se define únicamente como futbolista. Hoy es contadora profesional, amante del pádel y del ejercicio funcional… y sí, exjugadora profesional de Santos Laguna y Mazatlán FC. Pero basta una conversación con ella para entender que, aunque el uniforme ya no lo vista, el fútbol sigue siendo una parte esencial de quien es.


A diferencia de muchas historias de futbolistas que comenzaron a patear el balón desde que aprendieron a caminar, el primer acercamiento de Ana Paula con el fútbol llegó de manera casi casual. Fue en la secundaria, cuando vio a un grupo de chicas de preparatoria buscando apoyo para asistir a un torneo nacional en Puebla.


“Un día, unas chicas de preparatoria fueron a pedir apoyo para un viaje a un nacional en Puebla. Las vi y dije: ‘yo quiero hacer eso’. Quería jugar con mis amigas, viajar, pisar canchas de otros lugares, vivir ese tipo de experiencias”.


Esa motivación —más cercana a lo humano que a lo competitivo— se transformó pronto en pasión. La disciplina apareció. Llegaron las oportunidades. Y también los sacrificios.

Ana Paula no romantiza su paso por el fútbol profesional. Lo recuerda con cariño, sí, pero también con sinceridad. “Me llevé muchísimas amistades, relaciones que hoy siguen siendo parte importante de mi vida. Pero también aprendí que ser futbolista profesional no es tan glamuroso como muchos creen. Es una friega. Requiere sacrificios que la mayoría no ve: dejar tiempo con tu familia, limitar tus estudios, cuidar tu cuerpo como prioridad absoluta”, dice sin rodeos.


Estuvo en Santos Laguna en una de las etapas más exigentes de la liga, y después llegó a Mazatlán FC. En ambos equipos, creció como persona, formó amistades profundas y entendió el verdadero significado de compromiso. “Me dejó muchísimo crecimiento personal. Me ayudó a forjar carácter, temple, a entender lo que significa realmente el esfuerzo diario”.


No todo fue fácil. Uno de los momentos más complicados en su trayectoria llegó cuando fue convocada a la Selección Mexicana Sub-15… y no quedó. “Fue durísimo. Pero me repuse. Seguí entrenando. Seguí creyendo. Y eventualmente, eso me llevó al fútbol profesional. Ese fue el recuerdo que más me marcó: que el trabajo duro sí da resultados”.


Hablar de su debut en la Liga MX Femenil le ilumina el rostro. Para muchos, es solo otro partido. Para ella, fue mucho más.


“Fue cumplir un sueño. Yo no sabía si estaba lista, si era suficiente. Tenía muchas dudas, inseguridades. Pero el día que debuté, sentí que todo había valido la pena. Me demostré a mí misma que sí podía”, recuerda con orgullo y con una luz especial que ilumina sus ojos.


Pisar el campo como profesional cambió su perspectiva. Comprendió que llegar a esa liga no era el final, sino apenas el inicio de una vida marcada por la exigencia diaria. Entrenar, viajar, cuidarse, estar lejos de la familia. Todo eso mientras trataba de no descuidar su formación académica.


“No fue fácil, pero fui disciplinada. Tenía claros mis objetivos. Sabía que quería estudiar y jugar, así que me organicé, prioricé y cumplí con ambas cosas”, afirma.


A diferencia de otros exjugadores que intentan volver o que nunca cierran la puerta del todo, Ana Paula lo tiene claro: su etapa como futbolista profesional terminó.


“No me veo regresando a las canchas como jugadora profesional. El fútbol me enseñó mucho, me ayudo a descubrir quién soy, me formó como persona, pero ya no empata con lo que quiero para mi vida. Me di cuenta de que mi bienestar emocional y personal estaban pidiendo otra cosa”, dice con madurez.


No lo dice desde el desencanto, sino desde la evolución. Su vida ha tomado otros caminos: el académico, el personal, y sí, el deportivo, pero desde otra óptica. Hoy, el deporte es su terapia, no su trabajo. Lo disfruta en libertad.


“Desde chiquita el deporte ha estado presente en mi vida. He practicado gimnasia, básquetbol, golf, tenis, pádel. Hoy hago gimnasio, funcional, yoga… . “Puede que no sea buena, pero si me invitas a algo, lo intento. Me gusta moverme. Me gusta sentirme viva”, cuenta.


Aunque no se ve dentro de una cancha con uniforme, Ana Paula no descarta seguir vinculada al fútbol desde otras trincheras. Solo que, de nuevo, a su manera.


“¿Entrenadora o comentarista? Tal vez no. No siento que tenga ese carisma para transmitir. Conocimiento tengo, sí, pero me falta ese ángel”, dice con honestidad. Sin embargo, hay algo que sí le interesa: la nutrición.


“Siempre me llamó la atención. No la estudié por hacerle caso a mis papás, pero hoy me encantaría. Me aventaría una segunda carrera sin problema. Y si puedo ligarla al deporte, mejor. Me encanta el alto rendimiento y lo que implica cuidar al cuerpo”.


Aunque hoy sus días no transcurren entre entrenamientos y concentraciones, Ana Paula Gutiérrez sigue avanzando con la misma determinación que la llevó a debutar como profesional. El fútbol ya no es su camino, pero sí su raíz. Le dio las herramientas para construir todo lo que viene.


Porque el deporte no termina cuando deja la cancha. Continúa en cada decisión, en cada nuevo reto, en cada espacio donde se exige esfuerzo, pasión y constancia. Y Ana Paula, lejos de mirar atrás con nostalgia, camina firme hacia adelante, sabiendo que su historia en el fútbol no fue un capítulo aislado… sino el punto de partida para todo lo que aún está por escribir.


 

 

 

 
 
 

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